Las 15 cosas que nos hicieron llorar, reir o gritar y resulta que eran grandes obras de arte

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Duchamp-Fountaine

El arte puede tener muchas caras y responder a muchos estímulos diferentes del ser humano. Normalmente aquello que mueve a los artistas a crear una obra es la belleza que se encuentra tras ella, y así podemos disfrutar de obras que reflejan la belleza clásica como el David de Miguel Éngel o los retratos de Rafael.

Sin embargo, en otras ocasiones los artistas pretenden dar lugar a reacciones en el espectador que van mucho más allá de la admiración de la belleza. Así es como nacen obras de arte raras, extrañas, que nos producen inquietud, miedo e incluso asco. ¿Puede ser una obra de arte todas estas cosas? ¿Puede no responder a los cánones clásicos y aún así seguir siendo una obra de arte? Os traemos unos cuantos ejemplos para que juzguéis por vosotros mismos.

La fuente, de Duchamp

La fuente, de Duchamp

La obra más conocida de Marcel Duchamp es sin duda el urinario tumbado y firmado con el pseudónimo de R. Mutt. Realizado en su época estadounidense, se tomó como una provocación al buen gusto y no se admitió en la exposición de la Asociación de Artistas Independientes de la que el mismo Duchamp era responsable del comité de selección de obras.

Esculturas hiperrealistas de Ron Mueck

Esculturas hiperrealistas de Ron Mueck

Unas esculturas a gran escala de seres humanos en las que podemos apreciar cada detalle de la piel, el cabello y los rasgos faciales. Sin duda son piezas muy inquietantes, especialmente las que retratan a bebés.

Juego de desayuno de piel, de Meret Oppenheim

Juego de desayuno de piel, de Meret Oppenheim

Mi obra favorita, sin duda, de todas las que veremos aquí. La autora intenta evocar en nosotros distintas sensaciones al mezclar dos conceptos que pueden parecer lejanos o incluso opuestos.

Human bodies, de Musealia

Human bodies, de Musealia

Una exposición que dio mucho que hablar en su momento, ya que se utilizaron cuerpos humanos reales (y plastinados) en los que podíamos ver los distintos órganos, músculos, tendones… La idea era la promoción de la salud a través de la exposición, aunque no era apta para personas sensibles.


Número 5, de Jackson Pollock

Número 5, de Jackson Pollock

Seguro que si alguna vez os habéis encontrado ante una obra de Pollock ha habido alguien que ha dicho «¡pero si eso son manchas, lo hace igual mi hijo de 5 años!»; el máximo exponente del cuñadismo artístico. Puede que solo parezcan (o sean) manchas sin sentido, pero es la quinta pintura más cara del mundo (se vendió por la friolera de 140 millones de dólares).


La joven familia, de Patricia Piccinini

La joven familia, de Patricia Piccinini

Pocas cosas más inquietantes que esta escultura de la artista australiana Patricia Piccinini, en la que imagina cómo sería un híbrido de humano y animal. Me produce tantas sensaciones a la vez que no sé con cuál quedarme, sinceramente.

Azul Klein, de Yves Klein

Azul Klein, de Yves Klein

No, no se ha quedado la foto pillada: es un cuadro azul. Fin. Las obras de juventud de Klein eran así: cuadros monocromáticos, generalmente en azul. Lo mejor de todo es que Klein realmente creó este tono de azul y además lo patentó en 1960, aplicándolo después a distintas esculturas como la conocida Victoria de Samotracia.

The artist is present, de Marina Abramovic

Marina Abramovic y Ulay habían sido amantes y colaboradores durante los años 70 y 80. En 2010 Abramovic realizó en el MOMA de Nueva York esta performance en la que compartía un minuto de silencio con todo el que se quisiera acercar. Lo que no se esperaba era que el mismo Ulay apareciera en la sala y se sentase frente a ella. Increíbles las emociones que nos consigue despertar este encuentro.

Merda d'artista, de Piero Manzoni

Merda d’artista, de Piero Manzoni

Es, literalmente, lo que dice su título: heces de artista dentro de una lata. La obra de 1961 era una crítica al ya entonces loco mercado del arte, donde se empezaban a pagar millonadas por obras aparentemente sin ningún tipo de contenido. Un adelantado a su tiempo, sin duda. La útlima lata que se vendió alcanzó un precio de 124.000 euros, algo muy destacable si además tenemos en cuenta que tiempo después se descubrió que las latas solamente contenían yeso.

Balloon dog, de Jeff Koons

Balloon dog, de Jeff Koons

Del creador de Puppy, el cachorrito hecho de plantas y flores que vigila las puertas del Guggeheim, llega otra de sus famosas obras: el globo con forma de perro gigante. Koons es uno de los artistas más cotizados de nuestro tiempo, que utiliza en su trabajo esta curiosa iconografía kitsch. El perro fue vendido en subasta por 58 millones de dólares.

Human soap, de Orestes de la Paz

Human soap, de Orestes de la Paz

¿Habéis escuchado alguna vez eso de que «en esta obra hay un trocito de mí»? Pues en esta literalmente lo hay. Orestes de la Paz creó estas pastillas de jabón con su propia grasa liposuccionada (además de otros ingredientes como manteca de coco o aceite vegetal) y las vendió a 1000 dólares cada una.

Esculturas de Choi Xoo Ang

Esculturas de Choi Xoo Ang

Otro de los exponentes del hiperrealismo, esta vez aderezado con ideas un tanto espeluznantes: cuerpos con dos cabezas, miembros gigantes, otros cuerpos mutilados… Ideas complejas reflejadas en esculturas aún más complejas si cabe. Inquietante, perturbador, atractivo… Sentimientos encontrados también frente a estas obras.

Portrait of Ross, de Féliz González Torres

Portrait of Ross, de Féliz González Torres

El artista cubano fue uno de los pioneros en cuanto a las instalaciones y esculturas minimalistas. Para elaborar sus obras utilizó materiales curiosos pero que podemos encontrar en nuestro día a día, como esta pila de caramelos que vemos en la imagen. En estase obras lo importante es el proceso de creación más que el resultado final.

«Rezo con todo mi amor por los tulipanes», de Yayoi Kusama

Una instalación en el museo nacional de Osaka en la que podemos ver la esencia de la artista. Kusama ve el universo a través de los puntos: el sol, la luna, las estrellas… todo son puntos. Incluso cada uno de nosotros somos un ínfimo punto dentro del universo. Así lo representa en su obra.

La cama deshecha, de Tracey Emin

La cama deshecha, de Tracey Emin

La obra de la artista inglesa, finalista al premio Turner, fue vendida en 2014 por 4,3 millones de dólares. Se trata de su propia cama rodeada de objetos personales (botellas vacías, ropa interior manchada de sangre, condones usados…), que representa el período de su vida en el cual rompió con su pareja.

Imágenes | Wikipedia Tracey Emin, Meret Oppenheim, Marcel Duchamp, Ron Mueck, Patricia Piccinini, Jackson Pollock, Yves Klein, Yayoi Kusama, Piero Manzoni, Jeff Koons, Human Bodies, Orestes de la Paz, Félix González Torres, Mitico Mazz

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Las 15 cosas que nos hicieron llorar, reir o gritar y resulta que eran grandes obras de arte

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