A veces todas somos un poco Dory y otras veces deberíamos serlo

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Los críticos de cine y el público están de acuerdo en una cosa: Dory es uno de los mejores personajes de Pixar y se merecía una película propia. Ahora, unos días después de su estreno, ya sabemos más de este pez azúl. Como con tantos otros personajes de Pixar, coches, robots o juguetes, acabamos identificándonos con ella. Claro que los trastornos de memoria como el de Dory no son tan frecuentes, pero todas tenemos alguna que otra anécdota que contar sobre algún olvido memorable.

Porque por mucho que se diga que las mujeres saben pensar en varias cosas a la vez, no es verdad. Cuando tenemos muchas cosas en la cabeza, olvidamos otras. ¿Ejemplos?.. Los míos entrarían en el Salón de la Fama de las Malas Madres. Por ejemplo, olvidar que el cumpleaños al que están invitados mis hijos y del que llevan dos semanas hablando es hoy. O dejarme en casa la maleta de los niños cuando nos vamos de fin de semana. (Menos mal que el viaje era a casa de los abuelos, donde siempre hay algo de ropa, pero los estilismos de ese fin de semana fueron para olvidarlos.) Aunque, por otro lado, ¿por qué es tarea de la madre recordar todas estas cosas?.. En qué momento nos reunimos y lo decidimos así? Otra cosa que no recuerdo.

Debo admitir que mi lado Dory se ha manifestado desde muy temprano. Cuando tenía 6 años nos cambiamos de casa. El mismo día de la mudanza, mientras mis padres montaban los muebles y colocaban las cosas en su sitio, yo salí a jugar a los columpios que había en la puerta del bloque. Todo iba bien hasta el momento en el que me di cuenta de algo horrible: no recordaba donde vivía. Estaba perdida, sola en el mundo. Empecé a llorar. Los niños que había en los columpios me rodearon, intentando tranquilizarme. La tragedia duró una eternidad: más o menos 10 minutos, lo que tardó mi tía en bajar para tirar unas cajas vacías. La parte buena de esta experiencia traumática es que me hice muy amiga de la niña que intentó consolarme durante todo este tiempo. Resultó ser mi vecina.

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En realidad todos somos un poco Dory en algún momento de nuestras vidas. Dejamos de hablarnos con alguien por un motivo muy fundado, tan fundado que después de un tiempo ya no lo recordamos, sólo recordamos que no nos hablamos. Saludamos a alguien por la calle y luego nos pasamos la mañana intentando recordar cómo se llama y de qué lo conocemos. O esa chica nueva de la oficina que nos ha dicho varias veces que se llama Isabel, pero seguimos llamándola Elena porque nuestra mente lo ha grabado así y se niega a cambiar el registro.

Sabemos que vimos una película, pero somos incapaces de recordar el argumento; empezamos a leer un libro y en la página 28 nos damos cuenta que ya lo leímos el verano pasado; nos compramos calcetines porque recordamos que nos hacían falta y encontramos 2 paquetes sin abrir en el cajón; repasamos los contactos de Whatsapp y no dejamos de preguntarnos, ¿quién es toda esta gente?..

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Pero gracias a esta película pudimos ver que Dory es mucho más que un pez olvidadizo con mucho potencial cómico. Si no fuera por esta peculiaridad, lo que más destacaría de su personalidad es la capacidad de hacer amigos y de llevarse bien con todos, desde unos tiburones o un banco de peces de la primera película y hasta los leones de mar en la segunda. Dory parece incapaz de pensar nada malo de nadie, se acerca a cualquiera con la convicción de que la ayudarán, basta con pedirlo con amabilidad.

Dory es incombustible. Nunca deja de intentarlo. Ningún fracaso la puede parar. En situaciones desesperadas, cuando todos los demás están a punto de rendirse o empiezan a perder la fe, Dory es capaz de hacerles recuperar el optimismo y las ganas de seguir. A pesar de tener problemas de memoria nunca pierde de vista su objetivo.

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O a lo mejor justamente por eso. La incapacidad de pensar nada malo de nadie o de ver los peligros y lo complicado de una misión pueden explicarse también por sus problemas de memoria: si alguien le ha fallado alguna vez, símplemente no lo recuerda, así que no tiene motivos para ser reservada o cauta con los demás. Si ha fracasado mil veces, su moral está intacta gracias a su mala memoria.

Los humanos adultos solemos descomponer a las personas y a nosotros mismo en lados buenos y malos, en defectos y cualidades. Quizás lo que nos enseña Dory es que un defecto, algo que no podemos cambiar de nosotros mismos, puede ser la base de tantas cualidades admirables…

No, no somos como Dori. Ojalá lo fuéramos.

Foto: Buscando a Dory
En Trendencias | ‘Buscando a Dory’ apunta a ser la película del verano y el próximo gran éxito de Pixar

Ig Tre

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La noticia

A veces todas somos un poco Dory y otras veces deberíamos serlo

fue publicada originalmente en

Trendencias

por
Olga Rusu

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Source: trendencias

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